"Miradas" es una publicación del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI). En 2016 realizó una edición donde incluyó la palabra de jovenes profesionales del diseño industrial argentino. Se trata de las "miradas", de cinco profesionales, cinco trayectos, cinco experiencias vividas. Testimonios que permiten a otros, mirar, reconocer, pensar e imaginar caminos para emprender.

Alas para emprender
María Marta Baliña Scani

"Soy una convencida que el Diseño atraviesa la vida social y productiva de un país haciendo que este se desarrolle, sea más apto, cuidando sus recursos y entornos, mejorando la calidad de vida de sus ciudadanos, es por eso que debemos seguir sensibilizando y haciendo que el diseño llegue a todos los ámbitos y rincones productivos desde la grandes empresas hasta los pequeños y micro emprendedores, en las ciudades y también en el campo"

* Es diseñadora industrial egresada del a Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño de la Universidad Nacional de San Juan (2003). Docente Adscripto JTP FAUD-UNSJ. Consultora en Diagnóstico de Diseño. Emprendedora.

Mi nombre es María Marta Baliña Scaini, tengo 36 años y soy diseñadora industrial. Egresé de la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño de la Universidad Nacional de San Juan en el 2003, siendo la segunda promoción de la carrera que se iniciaba en nuestra provincia.

En plena crisis, lo primero que atiné a hacer fue juntarme con una colega y montar un estudio de Diseño en la casa de mi padre y salir a buscar clientes. De aquí la primera gran enseñanza: “no siempre el que pega primero pega más fuerte”. Aun recibiéndome con 24 años y con buen promedio no fue suficiente para conseguir clientes. Por un lado, porque era una carrera nueva y el entendimiento sobre la funcionalidad del diseño era poco conocido por la sociedad y por el otro, porque en aquel tiempo uno egresaba con una escasa preparación profesional.

El estudio permaneció vigente durante 4 años en los cuales hicimos toda clase de trabajos y en el 2008 cerramos. De este período rescato un acontecimiento que quizás marco el hilo conductor de la historia de mi profesión: en el 2006, dictamos un curso en una Unidad Tecnológica Rural en el departamento de San Martín, para un grupo del Programa Pro Huerta del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria. Este curso, consistía en trabajar con micro emprendedores a los que les enseñamos cómo debían mostrar y vender sus productos, cómo comunicarlos, etc. Desde ese momento me apasionó entender cómo el diseño se convertía en una herramienta para estos emprendedores.

A partir de entonces empecé a buscar instruirme en temas relacionados. Hice una capacitación de dos años en diseño de indumentaria, moldería y progresión en una academia privada donde luego di clases de moldería durante un año.
Finalmente decidí autoproducirme, por eso armé un proyecto productivo que presenté en dos concursos: Capital Semilla en el 2010 y San Juan Emprende en el 2011. Gané el premio para comprar la maquinaria y las primeras materias primas, y a partir de entonces comencé a fortalecer mi perfil emprendedor. Esto me permitió como diseñadora entender mucho mejor a la micro, pequeña y mediana empresa desde adentro. Además de ser diseñadora, fui docente universitaria. Desde el 2009 hasta el 2011 me desempeñé como jefa adscripta de Trabajos Prácticos en la cátedra Tecnología II de la Carrera Diseño Industrial de la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño de la Universidad Nacional de San Juan; y entre el 2012 y 2013 como profesor ordinario Jefe de Trabajos Prácticos.

En el 2013 participé en Córdoba del curso “Diagnóstico de Diseño para el desarrollo de productos” ofrecido por el INTI en el marco del Programa All-Invest y la UIA, por el cual se forman consultores de diseño que asisten técnicamente a las empresas. En este marco en el 2014 junto a una colega aplicamos la metodología de diagnóstico a una empresa local.

Durante ese año fui becada por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación para capacitarme en el “Curso en Gestión Empresarial de la Innovación” que depende del Programa Nanopymes formándome en este caso como Replicadora. En el 2015 apliqué junto a una colega a la línea de financiamiento PymesD con el fin de trabajar en la misma empresa en la que habíamos llevado a cabo el diagnóstico de diseño. Esta fue una excelente experiencia para mí.

Ese mismo año junto a un grupo de colegas logramos obtener la personería jurídica de la Asociación de Diseñadores Industriales de San Juan (ASSADI).

Nuestro objetivo es promover la carrera de Diseño Industrial y sensibilizar a la sociedad de modo que conciban al diseño industrial como una herramienta de desarrollo local, mejora competitiva e innovación.
Con este mismo espíritu junto a una colega que es diseñadora gráfica, comencé en abril del 2016 a participar como columnista en el programa radial Café de Negocios dirigido a empresas y emprendedores. Con mi compañera realizamos una columna de diseño en la que pretendemos acercar la disciplina al ámbito empresarial productivo.

Actualmente sigo con mi emprendimiento Cruz Cuero, donde realizo el diseño, la producción y las ventas de accesorios en cuero. Además participo (Ad honorem) como mentora de una micro emprendedora que pertenece a una empresa social. A través de mi formación como diseñadora y emprendedora la iré ayudando a desarrollar su proyecto.

Creo que ha sido un largo camino y es maravilloso vivir la experiencia desde el lado productivo como emprendedora y también desde el lado de consultor en las consultorías y capacitaciones que realizo.

La rueda de la oportunidad
Pablo Jeifetz

"Si vas a dedicarle tu vida a algo, te tiene que gustar"

* Es Diseñador Industrial egresado de la Universidad Nacional de Buenos Aires FADU. Co-fundador de Ají Diseño, empresa especializada en diseño y producción de elementos para la industria gastronómica. Ex docente UBA y Universidad de Palermo.

Me remonto a la primera materia teórica a la que asistí en la carrera de Diseño Industrial: morfología, Fabián Bianchi Lastra al frente, un lujo. Había terminado el Ciclo Básico Común de la Universidad Nacional de Buenos Aires, todos mis amigos estaban en Derecho o Económicas, uno sólo en Exactas. Fui el único que encaró para el Pabellón III hacia una carrera que no sabía bien de qué se trataba. Entre varias diapositivas, Fabian, contagiando pasión, mostraba el paragüero del diseñador japonés Shiro Kuramata y lo explicaba para analfabetos del diseño como yo lo era en ese entonces. Ahí comencé a ver de qué iba esto del Diseño Industrial.

Mi primer trabajo “changa” en realidad fue como dibujante proyectista en una fábrica de heladeras, mientras cursaba el segundo año de la carrera. No duró mucho, la fábrica quebró como miles de PyMEs a fines de los ´90. Sin embargo el aprendizaje allí fue muy valioso.

En la Facultad conocí a Guido Izbicki, mi socio desde siempre, amigo y hermano por adopción mutua. Juntos comenzamos a trabajar en algunos proyectos para el estudio de su hermano Javier y Gustavo Galbiati, I&G diseño.
Durante el último año de la carrera, trabajé modelando en 3D y renderizando para el estudio del diseñador industrial Miguel Muro, de quién aprendí muchísimo.

Mi camada egresó en la profunda crisis que explotó en el 2001. La mayoría de los estudios desarrollaban P.O.P (Point of Purchase) para exhibir productos importados. Me recibí en diciembre del ´98 y en marzo del ´99 comencé a trabajar en una empresa de P.O.P. El departamento de diseño era sólo yo, iba con el dueño a las reuniones con los clientes, generaba propuestas, modelaba, renderizaba, cotizaba, documentaba y verificaba la producción. El tema del P.O.P comenzó a aburrirme, el sueldo era muy bajo pero adquirí mucha experiencia.

En marzo del 2000 renuncié para fundar Ají Diseño con Guido. (Ají = Asociados Jei fetz e Izbicki). Ají en ese entonces era un “Estudio Integral” como tantos otros. En nuestro caso la traducción de “Estudio Integral” era: agarramos lo que sea. Entre concursos y algunos premios, en la etapa que hoy llamamos nuestra pre-historia, hemos diseñado: marcas, identidad corporativa, sitios web, stands, P.O.P, productos para medicina, juegos para plazas, conservadoras de poliestireno, dispensers de remedios para ganado, entre varias otras cosas más.

Entre nosotros, les voy a contar un secreto, ¡no teníamos trabajo! En realidad, era peor, teníamos trabajo pero el dinero no alcanzaba para vivir.

Luego de plantearnos si seguir o cerrar decenas de veces, en el 2004 decidimos comenzar un proyecto productivo. Hoy pensándolo parece una locura, un emprendimiento que da pérdida financiando el origen de otro, ¡ja!
Ahí está la ventaja de estar jugado, no lo pensás, o lo pensás pero no tenés mucho para perder.

Entre alguna que otra idea, prevaleció la de Guido: diseño de vajilla para gastronomía.

Si vas a dedicarle tu vida a algo, te tiene que gustar. Habíamos aprendido a diseñar y nos encantaba comer, ya éramos Ají Diseño, la gastronomía evidentemente era lo nuestro.
Comenzamos a tener algunas reuniones con chefs y no bastaba con contar lo que podíamos hacer y mostrar un portfolio, querían ver los productos. Teníamos que gritarles a los chefs: “¡Ey! Se puede hacer algo diferente a lo que existe! Además del espacio y la identidad, la vajilla también se puede diseñar!”

Sacamos los primeros cinco modelos en el 2005. No era una familia de productos sino todo lo contrario, diferentes entre sí, cada uno tenía su particularidad. Marleena, uno de ellos, ganó el Premio Presentes 2006 a la excelencia en Diseño. Luján Cambariere de M2 nos hizo una nota, llamaron los primeros hoteles y la rueda comenzó a girar despacio. Guido salía con la valija de muestras a recorrer restaurantes y hoteles mientras yo me encargaba de la producción.

En el 2007 presentamos la línea Orilla en Hotelga, feria especializada de Hotelería y Gastronomía. Allí participamos nueve años seguidos, además de estar los cuatro días exponiendo; diseñamos, construímos, transportamos, armamos
y desarmamos el stand, casi todas estas tareas las realizamos los dos solos.

Recuerdo que el primer día de la expo nos visitó Ricardo Blanco, un referente del diseño en Argentina. Nos felicitó, dimos una vuelta con él por el predio, uno de cada lado, nos iba presentando ante una decena de expositores, inolvidable!

Un par de años antes habíamos ido a verlo al estudio para contarle el proyecto. No teníamos nada diseñado, sólo la idea de hacer algo. A Ricardo le pareció interesante, para nosotros fue más que suficiente, además nos dijo algo así: “Negro, hoy con un render podés mostrar lo que quieras sin invertir nada, ¿Qué perdés?” No podíamos no hacerlo. Cada tanto éramos invitados a dar charlas y clases presentado Ají como caso de éxito de emprendedores de diseño. Le vendíamos a los mejores hoteles, caterings y restaurantes, sin embargo seguíamos dudando de seguir adelante, el proyecto no era aún rentable.

En Mayo de 2010, luego de una muy breve negociación, Pablo Slobinsky, un amigo de Guido, se unió al proyecto. Pasamos entonces a ser tres socios y dos empleados. Nunca seguimos a rajatabla el manual del emprendedor, ja!
Pablo trajo además de su experiencia en desarrollo de proyectos y su gran capacidad, una energía invalorable que impulsó el proyecto notablemente.

Hoy somos once personas, nuestro catálogo cuenta con más de 250 modelos de línea, desarrollamos productos a medida, contamos con un sitio de venta online y más de 200.000 likes en Facebook. En gastronomía, si un chef busca algo diferente, es muy probable que nos llame.

Ya pasaron varios años y es fuera del día a día, escribiendo, preparando una clase o contando mi historia en esta profesión, cuando puedo evaluar y sacar algunas conclusiones.

El ADN de las cosas
Silvio Tinello

"La experiencia acumulada en el desarrollo de varios materiales innovadores me ayudó a entender sus ventajas y entenderme no tanto como diseñador industrial sino como diseñador de ingredientes"

* Es Diseñador Industrial egresado de la Universidad Nacional de Córdoba. Master en Diseño Sustentable.

Nací y viví en Trelew, Chubut hasta que me fui a estudiar. Mi formación académica me llevó a vivir en Córdoba Capital, Philadelphia, y Nueva York. Ahora estoy de vuelta en Argentina. Diseñador Industrial y Máster de Diseño Sustentable según mis títulos. Creativo como todos y curioso empedernido que cree que la creatividad no pide permiso, según mi propio juicio. En cualquier proyecto o producto que diseño me interesa comenzar desde el ADN, me refiero a los materiales que los componen. Es que los proyectos que me han marcado han sido los que he concebido desde su materialidad.

Finalizando mi carrera de diseñador industrial me encontré con un componente que me ayudaría a cambiar la percepción del rol que jugaba como generador de contenido de cultura material. Por el año 2009 mientras trabajaba en una empresa de merchandising desarrollé un material a base de caucho reciclado aglutinado que sirvió como base para el diseño de Buna, la línea de mobiliario para exteriores que diseñé junto a la diseñadora Virginia Filiberti con quien fundamos en el 2006 el Estudio UAU mientras todavía estudiaba en Córdoba.

El proyecto fue un éxito en muchos aspectos, contribuyó al crecimiento del Estudio como emprendimiento. Era diseñador, productor, mano de obra, vendedor, todo. Algo que no aconsejo pero que te hace aprender mucho, sobre todo por los errores en la falta de control en la toma de decisiones. El proyecto Buna capitalizó un ramillete de distinciones a nivel nacional e internacional, lo que me ayudó a entender la importancia de cómo funciona el sistema de premiaciones, que pone el acento en productos originales e innovadores y ayuda a emprendimientos a tener difusión. En otras palabras, si el producto es bueno, puede prescindir del presupuesto para publicitarlo,
por lo que vale la pena invertir en innovación, porque a la corta o a la larga, la inversión retorna con creces.

En 2013 me mude a Philadelphia a cursar un Máster en Diseño Sustentable en Philadelphia University al ganar una beca Fulbright del programa BEC.ar. En PhilaU construí conocimiento junto a arquitectos, psicólogos e ingenieros provenientes
de la India, Arabia Saudita o Ucrania (por nombrar algunos), nada parecido a lo que conocía. Me ayudó a ver en perspectiva y valorar aún más la calidad recibida en un sistema de educación público y gratuito como el de la Universidad Nacional de Cuyo.

En 2014 trabajé en Terracycle. En esta empresa de Trenton, New Jersey pude aprender haciendo lo que venía leyendo en libros. Diseñaba para una empresa que genera valor aprovechando los desechos de las compañías basadas en economías lineales. Esto es, procesos productivos que toman, hacen y tiran. En otras palabras, diseñaba para el metabolismo industrial, con el objetivo de mantener a los materiales (o nutrientes) dentro de este metabolismo, en un ciclo que se retroalimente y se regenera por intención y diseño.

Habiendo trabajado desde 2013 en I+D, en 2015 presento mi segunda tesis, también basada en el desarrollo de un nuevo material aplicable en el diseño de productos innovadores que reemplacen el uso de materiales tradicionales con alta huella de carbono en su fabricación y consumo. Esta vez desarrollé un material similar a Buna en relación al concepto, pero en este caso se trataba de fibras de yerba mate aglutinadas con micelio (algo así como la raíz de los hongos). Para su aplicación diseñé Cyclebank, la primera alcancía cultivada con yerba mate y micelio. Proyecto con el que me sumergí en el mundo de la biofabricación, entendiendo por esto a los procesos que emplean a la biología como tecnología
para fabricar, perdón, cultivar los productos en vez de manufacturarlos.

Lo que me llevó en 2015 a mudarme a New York y trabajar como miembro en Genspace, un laboratorio comunitario ubicado en Brooklyn, en donde perfeccioné las técnicas de biofabricación junto a profesionales que vienen investigando en el tema hace décadas.

La experiencia acumulada en el desarrollo de varios materiales innovadores me ayudó a comprender sus ventajas y entenderme no tanto como diseñador industrial sino como diseñador de ingredientes, asumiendo entonces que los materiales que elegimos para la concreción de las ideas son ingredientes que se obtienen de algún recurso y mediante un proceso, el cual requiere el uso de alguna fuente de energía. El proceso de investigación me ayudó a entender que al menos gran parte del impacto sobre el medio ambiente es generado por la actividad humana derivada de la fabricación, uso y eliminación de productos.

Sin excepción, los productos están hechos de materiales, y en la mayoría de los casos, los productos son creados por los diseñadores. Por lo tanto, tenía sentido explorar las formas en que se utilizan los materiales en el diseño, y analizar cómo los diseñadores somos cómplices en la generación de residuos. Esto incluye examinar los problemas y soluciones que se pueden generar y/o evitar durante las primeras etapas del proceso de diseño.

Uno de los principales objetivos del proyecto Cyclebank era hacer que los diseñadores industriales en particular, tomemos conciencia del papel que desempeñamos en este sistema de economías lineales y demostrar la forma en que somos cómplices en la contaminación del medio ambiente.

Los diseñadores tenemos el propósito de diseñar soluciones, pero nuestros esfuerzos a menudo conducen a problemas no deseados cuando todo el ciclo de vida de los productos no es considerado.
En otras palabras, en el proceso de diseño los diseñadores decidimos tomar una materia prima en particular, decidimos hacer los productos en instalaciones industriales, y también decidimos (intencionalmente o no) cómo se desecha el producto. Ergo, podemos ser creadores de soluciones, pero también cómplices destructores del medio ambiente. De hecho, la cantidad de material, productos o partes de productos que se desechan contaminando el medio ambiente, podría reducirse en su concepción, en el mismo proceso de diseño, por la sencilla razón de que los productos que contaminan el medio ambiente son el resultado de procesos de diseño, y los responsables de cada proceso de diseño somos los propios diseñadores.

Como creadores de contenido de cultura material tenemos que tomar conciencia urgente de lo que creamos, cómo lo creamos, con qué energía lo creamos, qué recursos utilizamos, qué pasa luego de que lo que creamos “ya no sirve”, qué hacemos con lo que no sirve o más bien por qué y para qué diseñamos cosas que tarde o temprano dejan de servir, molestan o contaminan. ¿En qué parte del proceso de diseño nos olvidamos de eso y pensamos que otras cosas como el estilo, las tapas de revistas, las tendencias o el aumento de ventas es más importante? ¿Para quién diseñamos? ¿Para nutrir nuestro EGO y el de las personas que adquieren los productos que diseñamos? ¿O para nutrir nuestro ECO sistema? Por qué te recuerdo, lector, que de ahí salen todos los recursos y ahí tienen que volver. No sé, antes de comprar o diseñar algo, pensalo.


El diseño al servicio del desarrollo local
Florencia Gay

"El diseño puede profesionalizar sus negocios y transformar la vida de pequeños emprendedores"

* Es Diseñadora Industrial egresada en la Universidad de Buenos Aires con un posgrado en Desarrollo Local y Economía Social en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y una Especialización en Gestión de Organizaciones sin Fines de Lucro en la Universidad de San Andrés. Trabajó durante 5 años en Centro de Diseño Industrial del INTI y desde el 2006 ha participado en distintos proyectos de educación, talleres e innovación en comunidades de bajos
recursos tanto en Argentina como en otros países en desarrollo.

Desde muy temprano, en el colegio, la desigualdad de oportunidades despertó mi vocación social. Cuando comencé a participar en actividades sociales voluntarias e involucrarme con las historias de familias rurales en parajes pobres del país, la necesidad de trabajar para devolver lo que yo había recibido se volvió central para mí. En ese momento uno de cada dos niños vivía en la pobreza en Argentina. ¿Cuál había sido mi mérito? Ninguno. Nadie merece las oportunidades que recibió si no trabaja para que otros tengan las mismas.

Al terminar la secundaria, sin embargo, elegí estudiar Diseño Industrial en la Universidad de Buenos Aires porque combinaba mis otras pasiones: el dibujo, la creatividad y la tecnología. Al principio, era difícil conectar mi vocación
social con mis estudios y lo compensaba dictando talleres en oficios para madres –costura, telar y manualidades– en parajes de Santa Lucía (Corrientes) y Añatuya (Santiago del Estero). A través de estos talleres, las madres salían de sus ranchos por unas horas, conocían y construían comunidad con otras mujeres y se sentían empoderadas y valoradas vendiendo artesanías y trayendo dinero al hogar.

No fue sino hasta el último año de mi carrera que entendí que podía vincular mi vocación social con el diseño industrial. Elegí los cursos de la cátedra de Beatriz Galán, influenciada por la idea de diseñar para el otro 90%, y participé de un proyecto multidisciplinario para desarrollar filtros de agua en una comunidad wichi de Chaco. A través de estas experiencias, llegué a conocer a Raquel Ariza y el trabajo del Centro de Diseño Industrial del INTI. Entendí que ese era mi camino: mejorar, a través del diseño, la calidad de vida de familias en situaciones de vulnerabilidad.

En 2010 me integré al Área de Investigación y Fortalecimiento de Redes Productivas del Centro de Diseño Industrial del INTI donde participé de proyectos que me permitieron reconfirmar que el diseño puede tener un impacto enorme en las personas y en sus comunidades.

Desde el diseño de herramientas de trabajo o la mejora del proceso de venta de los productos, el diseño puede profesionalizar sus negocios y transformar la vida de pequeños emprendedores. Nunca voy a olvidar las manos maltratadas de un cortador de mimbre en el Delta del Paraná. Durante los tres meses de cosecha, con las herramientas disponibles hoy en día, los cortadores pasan ocho horas diarias agachados, cortando con fuerza vara por vara, repitiendo el movimiento ciento de veces por hora. Trabajar con ellos para diseñar una tijera eléctrica que les ahorrara tiempo y esfuerzo físico fue mi primera experiencia de diseño que podía implicar un impacto real e inmediato en la calidad de vida. Trabajar con ellos fue uno de los momentos más gratificantes de mi profesión.

En 2015, me trasladé a Boston (Estados Unidos), donde me involucré en el D-Lab, Centro para el Desarrollo del Diseño, el Diálogo y la Diseminación de la Universidad Tecnológica de Massachussets (MIT), cuya misión es construir una red global de innovación para diseñar y diseminar tecnología que mejore la calidad de vida de comunidades en situación de pobreza.

A través de este centro, tuve la oportunidad de participar de proyectos en contextos diversos: reciclado de bolsas de plástico y desarrollo de una herramienta para la extracción de aceite de palta en Tanzania, asistencia en diseño a pequeños agricultores en Uganda y diseño de una currícula para escalar proyectos de diseño en Colombia.

Estas experiencias me permitieron distinguir tres miradas del diseño social: el diseño para y el diseño con, a los que estaba acostumbrada, y el diseño por la comunidad. Fue a través de los Talleres de Capacidades Creativas (CCB) que descubrí esta última dimensión.

D-Lab desarrolló un modelo de intervención que se apoya en el principio de que cualquier persona, independientemente de su contexto y nivel educativo, puede convertirse en un “creador activo de tecnología”, un diseñador industrial. A través de talleres prácticos que introducen el proceso de diseño y am plían sus capacidades de fabricación de herramientas, los participantes trabajan colaborativamente para desarrollar tecnologías que satisfagan sus necesidades y/o generen ingresos. Al término de la capacitación, los grupos comunitarios son capaces de producir, reparar y adaptar las tecnologías que usan cotidianamente.

En Uganda, este invierno, visité dos comunidades que participaron de un CCB un año atrás para hacerle seguimiento a los prototipos que surgieron durante los talleres. Las herramientas eran una peladora de maní y una cortadora de papas. Ambas tecnologías, productos sencillos, resolvían una necesidad pequeña pero concreta y relevante para los participantes. No sólo ahorraban tiempo al usarlas sino que rápidamente los convirtieron en emprendedores al comenzar a venderlos en sus comunidades.

El potencial del diseño es enorme. Después de 10 años visitando y trabajando en distintas comunidades, apoyándolas en identificar sus necesidades y creer que son capaces de diseñar productos y tecnologías que transformen su realidad, no imagino otra profesión donde pueda devolver a los demás todas las oportunidades que recibí.


El diseño al servicio del desarrollo local
Daniel Arango

"Aprendí que no es fácil acordar proyectos con diseñadores porque siempre sobran ideas"

* Es egresado de la Universidad Nacional de Mar del Plata donde se desempeña como docente en la Carrera de Diseño Industrial. Ha dirigido y codirigido Proyectos de Extensión e Investigación respectivamente. Desde el 2006 es presidente del Distrito II del Colegio de Diseñadores Industriales de la Provincia de Buenos Aires.

Mi camino comienza en el curso de ingreso de arquitectura en 1993 donde empecé a conocer el diseño industrial. Mientras cursaba la carrera me invitaron a ser parte de varias asignaturas, lo que despertó otra vocación: la docencia. Ambas profesiones me apasionan y realimentan año tras año.

En el `99 realicé el proyecto de graduación y algunos trabajos profesionales. En ese momento que se hablaba de revolución productiva resultaba difícil insertarse en el medio, había pocos diseñadores intentado ejercer en un entorno industrial desdibujado y que desconocía la profesión.

Desde el 2001 participé activamente en organizaciones profesionales, primero en la Universidad de Diseño Industrial y luego en el Centro de Diseño Industrial de Mar del Plata. Cuando vino a esta ciudad Carlos Chacón a invitarnos a conformar el Distrito II, después de que el Senado y la Cámara de Diputados sancionaran la Ley 12.803 que creaba el Colegio Diseñadores Industriales a nivel provincial, muchos coincidimos en el respaldo y reconocimiento que nos daría frente a otras disciplinas e instituciones, por lo que enseguida trabajé para constituirlo y asumir en marzo del 2003 como primer Comisión Directiva del Distrito II.

Tuve la oportunidad de presidirlo en tres ocasiones donde he gestionado y realizado diferentes exposiciones, jornadas y workshop, difundiendo la actividad de los profesionales en distintos medios. Armé equipos de trabajo conformados por diferentes generaciones en pos de la divergencia de experiencias y opiniones.

Aprendí que no es fácil acordar proyectos con diseñadores porque siempre sobran ideas, y poner el proyecto por encima de la opinión personal no se enseña, sobre todo si uno sostiene como valor la participación y la filosofía que “el respeto se construye, no se impone”; algo que aprendí de la cultura del deporte. Resulta más fácil que nos reconozcan otras profesiones e instituciones que los mismos profesionales. Al principio pensé que era nuestra idiosincrasia como marplatenses, pero al ir conociendo diseñadores de otras ciudades y provincias notaba que esta paradoja se repetía.

Tuve la oportunidad de conocer diseñadores en el Consejo Superior que coincidimos en varios puntos en la manera de ser, Eduardo Simonetti y Martín Favre y sumar a Gabriela Rodríguez Ciuró y Diego Reina. A nivel local: Adriana Márquez, Laura García, Agustina Ruíz y Manuela Delgado; en la última gestión a Cecilia Bastida, Pablo Pellizzoni y Alberto Pollio, que comparten la filosofía de la institución. Realmente estoy agradecido por su aporte y acciones que realizamos.

Hemos establecido relaciones institucionales que nos permiten posicionar la profesión en la industria, también generado espacios de intercambio profesional, brindando asistencia y asesoramiento en el quehacer profesional. El marco de honorarios es un objetivo a concretar a mediano plazo pero el principal es el reconocimiento de nuestra firma profesional, tema indiscutible en otras disciplinas pero poco concientizado entre colegas.

Comparto el concepto de que el diseño no ha crecido en los últimos 40 años como profesión expresado por el diseñador industrial alemán Gui Bonsiepe en el marco del V Encuentro Latinoamericano de Docentes de Diseño ELADDI. Si bien los diseñadores que se encuentran ejerciendo contribuyen a consolidar la disciplina, el proceso es a largo plazo y el impacto menor.

Las profesiones se fortalecen a través de las instituciones profesionales como puede observarse en otros colegios constituidos recientemente; siendo éstos el espacio natural donde se discuten y acuerdan sus problemáticas.
Su consolidación no se desarrolla de un día para otro, requiere de un trabajo sostenido en el tiempo, y más cuando no se cuenta con apoyo y se trabaja a pulmón como dice la canción.

Llama la atención la inestabilidad de asociaciones de diseño en Argentina y la baja participación que no permite darle continuidad a las comisiones que las conducen. A esto se suma: descreimiento de las instituciones, personalización (poner de relieve a quien la conduce por sobre la finalidad institucional), traslado de diferencias políticas o ideológicas externas, confusión de roles con instituciones públicas como privadas, falta de tiempo o formación institucional.
Las acciones que realizamos permitieron sortear estas dificultades, sumar diseñadores y de a poco consolidarnos.

Al mismo tiempo fui ejerciendo la profesión de manera independiente. He realizado proyectos vinculados a mobiliario de hogar y comercial, resolviendo lo técnico-productivo, presupuestación y dirección de producción, también desarrollé modelos para productos en rotomoldeo y la autoproducción de dos colecciones de productos para living comedor.

He sido convocado como jurado en distintos concursos, presentado ponencias en congresos y brindado charlas en paneles de diversas jornadas.

Hoy, trabajo interdisciplinariamente en el campo de la salud, desde la investigación y extensión, en patologías como ACV o discapacidad neurológica motora en niños, donde la experiencia es movilizante y sentís lo significativo de aportar soluciones que cambian las condiciones de vida de las personas, sobre todo en sectores de la población vulnerados.

Estrenando mi segunda paternidad, me encuentro en una etapa donde estoy focalizando acciones, algo que trato de aprender de mi colega y compañera en este viaje.


Visto en: "MIRADAS" - Boletín Informativo del INTI Programa Diseño para la Innovación- [Diciembre 2016] Versión HTML de GPC.COM.AR


¿Qué es el Diseño Industrial?

El Diseño Industrial es una actividad que tiene que ver con el diseño de productos seriados y/o industriales. El diseñador no es un creador de artículos únicos, sino de productos que se fabrican en serie; tiende a trabajar en equipos multidisciplinarios y dependiendo del ámbito del producto, se puede ocupar de la estética del producto, la interface con el usuario o el cumplimiento de las necesidades de un publico objetivo. Leer más...

 


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